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viernes, 23 de agosto de 2013

En 1º4 la clase la dio Carlos (23 de agosto)

En esta clase nos ocupamos del ocio y las diversiones en tiempos  del Imperio Romano. El ocio es el tiempo libre que tenemos para descansar y divertirnos y fue una innovación de los romanos. Ese tiempo lo utilizaban para ir a lugares tales como el teatro, el circo, las termas y los anfiteatros. Vamos a recordar cada uno de ellos:
El TEATRO, igual que en Grecia tuvo gran popularidad, pero mientras los griegos preferían las tragedias, que eran obras serias, los romanos gustaban las comedias y pantomimas, que eran obras graciosas. Es decir que los romanos iban al teatro a reírse.
Las TERMAS eran grandes baños públicos donde los ciudadanos concurrían a tomar baños en piscinas con agua fría o caliente. Tenían además habitaciones para baños de vapor y salas con masajistas, barberos y peluqueros. Algunas termas llegaron a ser edificios imponentes con capacidad para cientos y cientos de personas. Esta es una reconstrucción de las termas construidas por el emperador Caracalla. Observen lo imponentes y lujosas que eran:



En nuestras termas el agua caliente proviene de fuentes subterráneas que se encuentran a altas temperaturas por el calor del centro de la Tierra. En las termas romanas, en cambio, el agua era calentada por esclavos en hornos a leña, (hoy le llamamos “calderas”) semejantes a los que calientan el agua de las piscinas de nuestros clubes deportivos. En el siguiente esquema vemos a los hornos ubicados en los sótanos de las habitaciones de baños:




En el CIRCO se efectuaban carreras de carros tirados por hasta cuatro caballos sobre una larga pista ovalada. Los cocheros que conducían los carros eran llamados “aurigas”. Los accidentes eran frecuentes y provocaban el entusiasmo de público que hacía apuestas a los ganadores, tal como se hace hoy en nuestros hipódromos. Esta imagen, es una pintura del siglo XIX que recrea una de esas carreras:




El ANFITEATRO atraía grandes masas de espectadores. En ellos se presentaban combates mortales entre gladiadores, sangrientas luchas entre animales salvajes y se recreaban grandes batallas de la antigüedad. El más imponentes de los anfiteatros fue el “Coliseo” romano, inaugurado en el años 80 d.C. El Coliseo era una formidable construcción similar a nuestro Estadio Centenario y tenía capacidad para más de  50.000 espectadores. Su planta era de forma elíptica, estaba rodeado de “gradas” donde se sentaban los espectadores y tenía una pista central llamada “arena” donde se realizaban los espectáculos. Aquí vemos una reconstrucción del Coliseo romano:




En los subsuelos del Coliseo había depósitos subterráneos donde  se encerraban las fieras y poseían ascensores mecánicos para subirlas a la arena. También poseían tuberías que podían inundar la arena de agua para recrear grandes combates navales. En la siguiente fotografía podemos ver el aspecto actual del Coliseo. Observen como el piso de la arena se ha hundido y permite ver las instalaciones subterráneas:


Los gladiadores eran, por lo general, esclavos que eran entrenados en el manejo de las armas que esperaban obtener su libertad como premio a su victorias. También había entre ellos condenados a muerte que esperaban obtener el perdón a su pena. Incluso había hombres libres que luchaban por dinero y prestigio. El espectáculo se iniciaba con un desfile de los combatientes y un saludo al emperador: “Salve César, Emperador, los que van a morir te saludan”. El desenlace de la lucha solía ser mortal pero si un gladiador era derribado vivo, su vencedor no lo remataba sin consultar al público. El siguiente cuadro recrea ese momento:



Otro de los espectáculos sangrientos que se ofrecían en el Coliseo era exponer a los cristianos a fieras salvajes, como leones y tigres. Los cristianos eran aún una minoría religiosa que fue perseguida en tiempos del Alto Imperio. Esta pintura recrea una de esas matanzas:



Por último, dijimos en clase que todos estos espectáculos eran pagados en Roma y en las provincias por el propio emperador o por magistrados locales que deseaban ascender políticamente. Ya en tiempos de la República, los que aspiraban a obtener magistraturas (como el propio Julio César) organizaban grandes espectáculos. No había mejor manera de conseguir adeptos. Les dejo con esta bella imagen exterior del Coliseo romano. Hasta el lunes.



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