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martes, 21 de agosto de 2012

Segunda parte del escrito domiciliario - Entrega 24 de agosto


Escrito de Historia. 2º parte. Entrega viernes 24 de agosto.

Reportaje al Historiador Mijail Rostovtzeff

Abajo encontrarás un texto del historiador Rostovtzeff acerca de Julio César. Debes imaginar que estás hablando con él… aunque en realidad es imposible porque murió hace más de 50 años.
La tarea consiste en inventar preguntas que le harías, y luego copiar parte de su texto, como si fuera su respuesta a tu pregunta en una entrevista.
El reportaje tiene que ser de dos carillas, entre tus preguntas, y las respuestas que copies de este texto. Naturalmente no le voy a poner nota a Rostovtzeff, sino a qué tipo de preguntas le has formulado, y sobre todo a la manera en que tu pregunta y su respuesta ajusten (espero que perfectamente). Las preguntas más interesantes tienen más nota que las más simples.
Ejemplo:
Pregunta: ¿Qué novedades introdujo César en la vida pública en el año 69 aC?
Respuesta: Al ejercer simultáneamente el cargo de cónsul en Roma y de procónsul en Galia (59ac), César introdujo en la vida pública el principio de que un hombre podía desempeñar varias funciones a la vez.


Al ejercer simultáneamente el cargo de cónsul en Roma y de procónsul en Galia (59ac), César introdujo en la vida pública el principio de que un hombre podía desempeñar varias funciones a la vez. Otros lo habían hecho antes, pero César convirtió en una práctica regular el ejercicio de varios cargos simultáneos. Desde el año 48, se lo eligió anualmente cónsul, desde ese año, recibió del pueblo el poder tribunicio, es decir que, sin ser tribuno gozaba de todos los derechos de los tribunos, incluso el de la inviolabilidad, que el pueblo le otorgó en 47 aC por resolución especial. En el año 63 aC se lo eligió Pontífice Máximo, y en el 48 aC pasó a ser miembro de todos los colegios sacerdotales patricios. Esta acumulación de títulos y de atribuciones era contraria a todas las tradiciones políticas romanas, pero se ajustaba a la teoría de que el pueblo posee el derecho soberano de crear nuevas formas de poder. En este sentido César era un demócrata consecuente.
Muchas otras atribuciones se agregaron a las anteriores, a pesar de que no había precedentes en la historia de Roma. Una ley especial transfirió a César la vigilancia de las costumbres, que había sido anteriormente una de las obligaciones del censor, y César hizo uso de ese cargo para amenazar con la expulsión del Senado o de otros cargos a todos los que no le agradaban, bajo pretexto de que su conducta deshonraba a su clase. Otras leyes especiales confirieron a César el derecho a nombrar magistrados para las provincias, y a recomendar al pueblo la designación de la mitad de los magistrados que éste debía elegir: el derecho a concluir la paz o a declarar la guerra (también en el años 48 aC); el derecho perpetuo a emitir edictos (decretos) confirmados de antemano y sin discusión por el Senado, mientas que los magistrados debían jurar obediencia a estos edictos al tomar posesión de sus cargos.
La gran acumulación de diversas atribuciones, acompañada por una larga lista de desproporcionados títulos honoríficos, creó para César una posición enteramente excepcional en Roma. El Senado, lleno de partidarios suyos, era su consejo; la asamblea popular se reunía únicamente para votar leyes que ha habían sido aceptadas de antemano y jamás intentó participar activamente en los asuntos públicos. El tribunado del pueblo no daba ninguna señal de vida. De hecho, César era un monarca, por encima de todos los controles, de cualquier tipo que fueran No es seguro que pensara aceptar el título de rey. Sus enemigos así lo afirmaban y algunos de sus más decididos partidarios, como Marco Antonio, al parecer lo deseaban. El propio césar nunca manifestó su opinión sobre este punto de un modo definido; sus acciones y alusiones accidentales y contradictorias, se pueden explicar de diferentes maneras. También se creía generalmente que pensaba trasladar la capital desde Roma al Oriente. Se murmuraba que César tenía la intención de casarse con Cleopatra, la reina de Egipto y adoptar a Cesarión, el hijo que había tenido con ella. César la había sacado de Alejandría, y ella tenía una residencia en Roma.
Cualquiera que sea el juicio que nos merezcan esos rumores que pertenecen a la clase de murmullos presentes siempre en todas las crisis políticas, lo cierto es que César consideraba que su poder era hereditario. A punto de partir para Oriente, César hizo testamento por el cual adoptaba a su sobrino Octavio y le legaba la mayor parte de su fortuna. Tal disposición mostraba claramente que consideraba a Octavio como  su sucesor y heredero de su posición.
César no solo encontró apoyo para su poder autocrático en su ejército, en sus veteranos y en las atribuciones que el pueblo le concedió; las masas, fascinadas por su personalidad, lo miraban con una especie de temor religioso. Para ellas, César no solo era el favorito de la fortuna, el genio militar, sino también un ser superior. Lejos de refrenar esa actitud, César la alentó. César no protestó cuando el Senado aprobaba decretos que tendían a su endiosamiento. Así, se creó un colegio sacerdotal especial juliano, se edificó un templo a César y a la diosa Clemencia con un sacerdote especial para el nuevo culto, y se cambió el nombre el mes Quintilis, por el de Julio.
César pensaba extender la ciudadanía romana tanto como le fuera posible entre los habitantes de las provincias. Todo esto indica que César pensaba borrar la aguda distinción entre Italia y las provincias, y crean en todas las partes del Impero una clase que gozaría de los mismos derechos que los ciudadanos romanos en Italia. También había senadores provenientes de las provincias, para que el senado fuera representativo de todo el imperio. Para eso César llevó al senado a sus amigos y partidarios, haciendo caso omiso de su origen o de su actuación anterior. Mi impresión general es que César pensaba llevar a cabo, en primer lugar, su gran expedición militar que tendía a la creación de un imperio universal y luego se ocuparía de los problemas relativos al cambio permanente de la forma de gobierno. Es posible que pensara cambiar por completo la naturaleza de su propia posición una vez terminada la campaña de Oriente.
Pero César advirtió una cosa; la fuerza de la clase senatoria, que todavía no estaba convencida de que ya había llegado a su fin el papel político principal que había cumplido durante siglos. La designación de hombres ricos para integrar el senado, la distribución de la ciudadanía romana en las provincias, la negativa a reconocer los privilegios de las clases dirigentes, todas esas cosas contribuyeron bastante me parece, al fin de César. Los senadores no habrían de renunciar tan fácilmente a sus privilegios.
Cuando en el año 44 aC un grupo de senadores planeó una conspiración contra César, su éxito no fue puramente accidental. En los Idus (el día 15) de marzo del año 44, César fue asesinado en una reunión del Senado por una banda de conspiradores encabezados por Marco y Décimo Bruto, y por Casio. Tenían de su parte a la mayoría del Senado, pero no consiguieron la simpatía que esperaban por parte del ejército y del populacho romano; ni siquiera de la población de Italia. La transferencia automática del poder al Senado, que evidentemente esperaban los conspiradores después de la muerte de César, no tuvo lugar. Los cónsules tenían suficiente fuerza militar como para neutralizar cualquier movimiento del Senado. La posición de los conspiradores se hizo crítica cuando vieron que el populacho de Roma estaba en su contra. Estas gentes habían sido conquistadas por el legado que César les había dejado en su testamento, dado de inmediato a publicidad.
¿Quién iba a ser el sucesor de César? Nadie pensó seriamente en Octavio, un muchacho de 18 años a quien César había dejado su fortuna y su nombre, y que se hallaba fuera de Roma. La situación era aproximadamente la misma que se presentó a la muerte de Alejandro Magno. 

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