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domingo, 13 de noviembre de 2011

Prueba Semestral. Opción domiciliaria. Parte 1 de 3

Los alumnos que deseen hacer tareas domiciliarias en lugar de una prueba presencial el día 25 de noviembre podrán hacer las que les proponga, respetando absolutamente las fechas de entrega. Mañana dejaré un ejemplar en el kiosko para que puedan sacar fotocopias. Pueden pedirme que se las envíe como archivo adjunto a su casilla de correo electrónico e imprimirla en casa. 


Prueba Semestral. Opción domiciliaria. Parte 1 de 3
Entrega miércoles 16 de noviembre

Al igual que ya hicimos en otra oportunidad, esta tarea consiste en imaginar que puedes hacerle una entrevista al historiador francés Lucien Musset. Es un gran especialista en el tema de las invasiones bárbaras y ha publicado muchos libros sobre ese tema.
Debes pues imaginar que puedes hacerle preguntas, y él te contestará con fragmentos del texto que debes copiar como respuesta. Cuanto más preguntas le hagas, y más interesantes sean, tendrás mejor calificación. Donde aparece […] es como que no se oye bien lo que dice…
Atención: esta vez no será posible subrayar las respuestas porque hay una segunda tarea de subrayar en esta hoja. 
Es la siguiente:
Subrayar con color rojo las oraciones de comparación (mientras que, sin embargo, por el contrario, etc.) que encuentres en el texto, y con color azul, las que sean de causalidad (debido a, como consecuencia, etc.).


“En la gran corriente de migraciones del primer milenio se produjo una pausa relativa después de los acontecimientos de fines del siglo VI: la irrupción de los lombardos en Italia, seguida por la de los ávaros en la cuenca de Panonia. Desde el 750 hasta principios del siglo VIII Europa occidental no sufrió ningún ataque importante del exterior. […]

Esta segunda oleada de invasiones no puso en juego el destino del continente en el mismo grado que la primera. Excepto los eslavos que ocuparon casi un tercio de Europa, y los húngaros en menor grado, los pueblos que en ellas participaron no tuvieron como objetivo principal ocupar el suelo y colonizarlo. Los árabes y los bereberes de la primera oleada, la de los años que siguieron al 711, en principio se proponían convertir a la religión musulmana […] Solo ellos ponían conscientemente en tela de juicio las estructuras reorganizadas por los carolingios después de la disolución de la antigua unidad romana, y pretendían sustituirlas por la de la religión islámica. Los otros invasores pensaban más que nada en un cuantioso botín. Si se dejaron atraer por algunas tierras, o se alguna vez se apoderaron de regiones que, a sus ojos, no les reportaban ningún beneficio, sólo fue accidentalmente. En esta aventura Europa arriesgó más su fortuna que su existencia.

Sin embargo, fue tratada con dureza. Si se marcara un mapa de Europa con signos que representaran las zonas devastadas por estos invasores, casi ningún lugar quedaría en blanco. En la actual Alemania, las costas escaparon a los húngaros, pero no a los vikingos. En Italia, los húngaros devastaron todas las llanuras, y los sarracenos, casi todas las montañas; en las costas, piratas musulmanes se alternaban, sin contar con los eslavos en la zona adriática. En algunas regiones, como la del Ródano (Francia), cuatro invasores desfilaron sucesivamente: árabes venidos de España, vikingos establecidos momentáneamente en La Camarga, magiares que ocupaban en valle del Ródano, y piratas sarracenos que acechaban constantemente las costas. Mientras que las invasiones del Bajo Imperio e incluso las del siglo VI fueron más o menos paralelas y provenientes casi siempre del mismo sector del horizonte –lo cual favoreció durante mucho tiempo la defensa– las que ahora vamos a estudiar son convergentes: legan de todas partes a una Europa aturdida, que no sabe por qué lado defenderse. Es en la Galia donde esta situación resulta más sensible: una misma generación, la de los años 870-900 vio llegar a los vikingos, casi siempre del noroeste y del oeste, y también alguna vez del norte o del sur; a los húngaros, que entraban ya por el Este, atravesando el Rin, ya por el sudeste, cruzando los Alpes, y a los sarracenos, por la costa mediterránea. Esta superposición y esta convergencia explican que el trastorno fuera enorme a pesar del carácter rápido de las incursiones. Abandonada a sus ruinas, Europa solo lentamente volvió a encontrar un buen equilibrio.

Para enfrentarse a estas invasiones Europa ya no tenía los mismos recursos que en el siglo V. Solo la parte del Imperio Romano de Oriente pudo contener a los invasores. […] El punto clave de Occidente era el Imperio Carolingio. Sin embargo, era de creación reciente y de frágil organización. Consagrado primero a la ofensiva, aún no había debido enfrentarse con problemas defensivos verdaderamente graves. A la estructura rápidamente levantada por Carlomangno le faltaba madurez cuando se produjo el asalto completamente inesperado de los invasores. Debo insistir pues en este contraste: el problema bárbaro preocupaba a los emperadores romanos desde hacía más de cuatro siglos cuando el limes del Rin fue atravesado en el año 406, mientras que la nobleza de los francos, durante el reinado de Luis el Piadoso se dejó sorprender por completo en sus sueños irrealizables de concordia fraternal, de solidaridad cristiana y casi de paz. Nadie poseía ese conocimiento del enemigo, acumulado en Roma a través de generaciones de veteranos. De ahí pues la magnitud del desastre. […] Si las invasiones de los siglso IX-X  marcan un viraje en la historia europea, no es por las conquistas realizadas, sino por el trastorno de la sociedad europea que resultó de ellas.

El desorden, primero limitado, causado directamente por las invasiones, se extendió y profundizó bajo el efecto de los factores propios del mundo carolingio. Las reacciones de defensa local, más coordinadas, degeneraron debido a la debilidad de los príncipes y de las clases dirigentes, en una especie de anarquía particularista que dividió Europa en innumerables células. Salvo muy raras excepciones, el sistema de ideas en el que se basaba el gobierno imperial carolingio desapareció de golpe, como desacreditado por el juicio de Dios que contra él habían desencadenado los nuevos bárbaros. Incluso en Germania, donde el recuerdo de la grandeza de Carlomagno tenía mucho mayor vigencia, la organización política y social  evolucionó en el siglo X con gran rapidez. Sí se crearon las condiciones favorables para la expansión de la sociedad feudal, que no es hija de las invasiones, pero que, sin ellas, no habría tenido un lugar importante en la historia de Europa."

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