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miércoles, 12 de junio de 2013

En 1º2 la clase la dio Carlos (12 de junio)

En esta clase estuvimos viendo como luego de las Guerras Médicas, la mayor parte de las polis griegas se agruparon en dos grandes ligas: la liga de Delos, dirigida por Atenas y la liga del Peloponeso, dirigida por Esparta. Ambas ligas eran rivales y no tardaron en enfrentarse. Esa guerra es conocida como la “Guerra del Peloponeso” y duró 27 años (del 431 al 404 a.C.).

En la Guerra del Peloponeso Atenas salió derrotada y Esparta se convirtió en la polis más poderosa de toda Grecia. Sin embargo, la opresión que Esparta impuso sobre las otras polis llevó a nuevos conflictos y  eso causó el debilitamiento político, económico y militar de todas ellas. Ese debilitamiento fue aprovechado por el reino de Macedonia que comenzó primero a intervenir en los asuntos de los griegos y luego a conquistar los territorios de Grecia.

El mapa que vemos a continuación nos permite ubicar a Macedonia, al norte de Grecia y también nos muestra el estado de división en ligas en que se encontraban las polis griegas luego de las guerras del Peloponeso. Vemos en color celeste a los aliados de Atenas, en verde a los aliados de Esparta y en amarillo a los aliados de Tebas, que fue una polis que logró dominar gran parte de Grecia por un breve período.





La población de Macedonia era de origen indoeuropeo, hablaba un dialecto griego y creía en los mismos dioses que los griegos. Sin embargo, los macedonios eran considerados “bárbaros” por los griegos porque, a diferencia de ellos, no se habían organizado en polis. Eran gobernados por un rey que estaba rodeado de un grupo de nobles, difíciles de dominar y que eran duros guerreros.
Ya dijimos que los griegos despreciaban a los macedónicos, pero en cambio los macedonios sentían admiración por los griegos. Varios reyes macedónicos se preocupaban de imitar la cultura y las costumbres griegas. Uno de esos reyes fue Filipo (357-336 a.C.), al que solamente nombramos en clase y sobre el que volveremos a hablar en la próxima.

Pero ya les adelanto que Filipo fue uno de los reyes macedónicos más capaces: mejoró la economía de su reino, logró dominar a su nobleza, mejoró su ejército: la falange espartana, sobre la seguiremos hablando en clase.  Gracias a eso, Filipo pudo aprovecharse de la debilidad de las polis griegas para dominar toda Grecia y luego volcar sus fuerzas contra el Imperio Persa.
El viernes seguiremos adelante con las conquistas de Filipo y conoceremos a su hijo Alejandro que llegó a conquistar regiones inmensas en el Asia, más allá de lo que los macedonios y griegos hubieran podido imaginar…


Hasta el viernes.

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