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martes, 25 de noviembre de 2014

La vida de los nobles (24-25 de noviembre)

En estas clases estuvimos hablando de la vida de los nobles, que en muchas cosas era muy distinta de la de los campesinos.
Los nobles eran LIBRES, y además no trabajaban, pero no por perezosos sino porque en la sociedad de la época eso era lo que hacían los campesinos, no los señores...
Su vida en realidad transcurría preparándose para la guerra, para defender el castillo, para pelear por su señor. Por esta razón, montar a caballo y hacerlo bien era casi lo más importante en la vida. Esto no se adquiría en un minuto, sino que exigía una práctica diaria, ayuda, y además disponer de muchos caballos, buenos caballos para montar y para ir a la guerra. Los caballos también debían estar entrenados.
Debían aprender a pelear con sus espadas estando a caballo y sin caerse.

En una obra de teatro de William Shakespeare titulada 'Ricardo III' (Ricardo era rey de Inglaterra en la época que estamos estudiando) hay una batalla en la cual el rey pierde su caballo, porque lo han herido. Deseperado, a pie, en medio de la batalla grita: 'Mi reino por un caballo'. Tal vez no lo dijo así, con esas mismas palabras, pero nos sirve para darnos cuenta de la importancia que tenían los caballos en las batallas. 

En comparación con los campesinos, los nobles gozaban de viviendas mucho más confortables. Eran más amplias, mucho más... porque eran castillos enormes... tenían muchas habitaciones: un lugar de estar, tal vez una sala de juegos, un lugar de 'trabajo' para las mujeres (bordaban, leían, entretenían a los niños...) y también tenían dormitorios. Las personas que hacían las tareas como cocinar, limpiar y ayudar a los nobles de muchas maneras, también tenían sus habitaciones que por supuesto eran mucho más modestas.
De todas formas, aunque en algún momento llegaron a conseguir vidrio para las ventanas, lo más común es que fueran de madera (igual que las de los campesinos) y por lo tanto si hacía frío... había que elegir entre tener un poco de luz y estar más calentitos.
En los castillos había muchas estufas de leña que ayudaban a calentarse, un poco porque como las paredes eran de piedra, cuando hacía frío casi no había como combatirlo.

También hablamos de que la alimentación de los nobles era más variada que la de los campesinos. Comían más carne (no de vaca): a veces cerdo, pero lo más común era que fuera de animales pequeños del bosque o de aves como gallinas o patos. También comían más frutas, y tenían mejores bebidas, mayor cantidad de vino. De todas formas ellos tampoco tenían tenedores, así que usaban cucharas o se ayudaban con la mano.
En esa época no había pañuelos, ni papel higiénico, ni mamaderas, ni chupetes, ni ropa con botones. Tampoco había muchas tinturas para las telas, así que todo era más o menos de color natural... y con el tiempo deteriorado, puesto que tampoco había jabón ni detergente ni blanqueadores. Los espejos no eran muchos, y poquísimos eran de cristal o de vidrio. El metal muy bien pulido ayudaba a reflejar las imágenes, no siempre muy fielmente.
La vida en aquella época era muy diferente a la nuestra.

Vean estas imágenes












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